sábado, 12 de septiembre de 2015

¡Noticias!

Hola, chicos, lamento volver a desaparecerme tanto por aquí ^^U He estado muy ocupada con el manga y mi vida, y pues, también he tenido un bloqueo artístico con la novela xD
He estado analizando el manga y la novela, y van a haber cambios, arreglos, mejoras en ambas cosas.
Voy a editar un poco los capítulos, los acompañaré con alguna viñeta del mismo manga (para los que prefieran solo la novela) pero quiero mejorar esas partes que quedaron vacías, que no están bien explicadas y, quizás, realizar nuevas portadas para cada episodio. Los iré editando mientas vaya avanzando el manga, probablemente ni noten los cambios en los antiguos capítulos pero los iré editando mientras corrijo el manga, pero iré subiendo los nuevos episodios en cuanto los tenga listos, ya pude librarme del bloqueo ese xD
Muchas gracias por el apoyo, y por seguir ahí aun cuando no comenten, igual los quiero :3

sábado, 24 de enero de 2015

17.- El Duelo

*Primeramente, quiero pedirles disculpas por el excesivo retraso con los capítulos de la novela, espero poder actualizarla con más frecuencia en este año. Muchas gracias por esperar todo este tiempo, sin más preámbulo, ¡empecemos! :D*

- ¡Vileko! – exclamó Johana, sorprendida.
- Vaya, vaya – la chica hiso un gesto de decepción - ¿Ya te vas a la camita? Creía que eras lo suficientemente valiente para salir a enfrentarme, pero veo que no – le soltó una sonrisa hipócrita.
- Soy mucho más valiente de lo que crees, Vileko – Johana contestó, enojada – pero no voy a meterme en líos por tu culpa –
- ¿En serio? ¡Qué lástima! Entonces realmente no corre la sangre de tus queridos padres por tus venas – la muchacha hiso un mohín de desprecio.
- ¿Qué quieres decir? – la niña de la cicatriz quedó intrigada.
- ¿Qué? ¿No lo sabías? – Cassandra sonrió con sorna - ¡Oh, es cierto! Tú no sabes mucho de ellos aparte de cómo murieron –
A Johana la sangre le empezó a arder y las orejas le quemaban.
- Tú tampoco sabes nada de ellos… - masculló, furiosa.
- Pues, da la casualidad que estoy mejor informada – prosiguió Cassandra – tus padres eran unos verdaderos creadores de problemas, jamás hubiesen dicho “no” a un reto ni se acobardarían ante nada, pero veo que su pequeña hijita parece no haber heredado el valor que tenían –
Johana recordó fugazmente cómo se habían enfrentado a Evilok sin intimidarse ni un poco.
- ¿Cómo hiciste para escapar de tu Zónajin? – preguntó a regañadientes.
- Fácil: usé mi cerebro – se burló – ahora todos los adultos están verificando que no haya nadie en los pasadizos, así que tengo diez minutos para salir y escapar. Si quieres venir, date prisa – le espetó.
La niña de la cicatriz no dijo nada, pero se movió y se colocó su traje de nuevo, y, sintiéndose un poco culpable, se sacó el collar que Alejandro le había regalado y lo guardó en un cajón de su cómoda. No quería perderlo y a la vez, así pensaba que aligeraría el cargo de conciencia.
- Estoy lista – le dijo con brusquedad a Cassandra.
- Genial, apaga las luces, abre la ventana y larguémonos –
Johana hiso todo eso: apagó las luces y le ordenó a un muy sorprendido e indignado Kobu que se durmiera. Abrió las ventanas y salió a la fría y oscura noche.
No habían muchas estrellas ni luna llena, todo se veía desierto y los sonidos de animales eran lo único que rompía el silencio de vez en cuando.
- Muévete – le ordenó Cassandra y empezó a alejarse de la ventana.
Johana le mandó una mirada asesina y la siguió. Volaron hasta alejarse de los Zónajins y el Budokai lo suficiente.
- No eleves demasiado tu ki o nos descubrirán – le dijo la oji-azul.
- ¿A dónde vamos? –
- A una pequeña isla de rocas no muy lejos de aquí. Tendremos todas las ventajas y comodidades ahí –
Sobrevolaron el Bosque y divisaron el mar. Era la primera vez que Johana veía el mar (que era inmenso, se veía oscuro y apaciguado) y pensó en sus amigos y el sentimiento de culpa se acentuó: ¿qué dirían si se enteraran de lo que estaba haciendo? Estaba rompiendo las reglas a pesar de sus advertencias. Realmente se estaba metiendo en líos, pero las ganas de golpear a Cassandra Vileko por fin le reanudaban el coraje para seguir hasta donde llegaran.
- Ahí – señaló Cassandra. Era un montón de rocas juntas flotando en medio del océano.
La niña descendió con rapidez. Johana, sorprendida por su velocidad, la siguió segundos después.
Aterrizaron.
Johana observó el lugar detenidamente: parecían estar en medio de un hoyo y las grandes rocas de alrededor las escondían.
- Como te lo dije, estamos solas las dos, sin mirones ni amigos que nos interrumpan – habló Cassandra, sonriendo con malignidad.
- Así parece – Johana la miró – quiero terminar esto rápido, necesito dormir, tenemos una prueba mañana –
- Después de esta noche, tendrás que faltar a todos los exámenes y clases que vengan – la niña parecía disfrutar el poder amedrentarla – porque te haré picadillo –
- No estés tan segura, Vileko – Johana también  sonrió – he progresado mucho y no te será tan fácil ganarme –
Cassandra lanzó una fuerte carcajada que resonó entre las piedras.
- No importa que tanto hayas entrenado con Guevara, siempre serás una perdedora, ahora mismo te lo voy a enseñar – Cassandra se colocó en pose de lucha.
-  Y lo que voy a hacer yo es cerrarte esa bocota de una vez – masculló Johana, que también se colocó en posición.
Un frío viento pasó entre ellas y levantó el polvo. Los impulsos traicionaron a Johana y esta se abalanzó sobre Cassandra.
Johana lanzó un puño que Vileko esquivó con agilidad. La niña volvió a atacarla, pero Cassandra solo se movió un poco para evadirla. Johana lanzó una patada y la muchacha se cubrió con facilidad.
La niña de la cicatriz siguió luchando a toda velocidad, lanzándole golpes como disparos, pero Cassandra solo atinaba a esquivar sin dejar de sonreír. De improviso, lanzó un puñetazo que dio en la cara de Johana y la fuerza la tiró hacia atrás; ella, sin embargo, consiguió reponerse antes de caer.
- Decepcionante comienzo – habló Cassandra, con burla.
Johana solo se sobó la parte lastimada, estaba completamente sorprendida de la fuerza y velocidad de la chica.
- ¿Eso es todo, Bardock? –
- Cállate – refutó ella, muy enojada.
Johana volvió a atacar, está vez tratando de ser más rápida. Cassandra consiguió frenar su primer golpe y esquivó los demás. Johana quiso golpear sus pies, pero Cassandra atrapó su pie con su cola y la jaló hacia ella, propinándole una fuerte patada en el pecho. Dolida, lanzó una técnica hacia la cola de Vileko, pero ella la retiró, soltándola, y Johana pudo levantarse y alejarse un poco.
Nunca había pensado que Cassandra fuera tan fuerte, parecía de otro nivel, pero ¿cómo era posible? Se suponía que ella y Alejandro tenían sus fuerzas a las mismas medidas.
- Como veo que no vas a atacar, lo haré yo – Cassandra parecía satisfecha de no darle oportunidades a la chica de responder.
Johana se asustó. Cassandra, de un movimiento a otro, apareció delante de ella y le propinó una patada en la barbilla.
Johana se tambaleó, muy adolorida. Cassandra volvió a atacarla, Johana puso su brazo y se defendió.
- ¡Vamos, Bardock, muéstrame lo que aprendiste de Guevara! – le gritó Cassandra y le golpeó la cara.
Johana se defendió del siguiente ataque y arremetió. Ambas empezaron chocar sus puños, pero Johana no lograba encestarle ningún golpe, mientras que muchos de los ataques de Cassandra le caían y le causaban daño.
Cassandra le dio un rodillazo en el estómago que la dobló y con un codazo, la hiso caer al suelo.
- Qué aburrido… - Vileko parecía decepcionada, aunque sonreía – no eres gran cosa, no has aprendido nada, esto es realmente desilusionante –
Johana, agarrándose el estómago, se levantó temblando.
- Aún no he terminado – habló, apretando los dientes.
Ya levantada, la miró con furia: ahora era su turno de devolver los golpes.
La atacó por tercera vez. Cassandra reaccionó y se protegió. Johana empezó a atacarla velozmente en diferentes puntos. Cassandra trató de golpearla, pero Johana la esquivó y le dio un manotazo en la cara. Cassandra mantuvo el equilibrio y le devolvió el golpe con precipitación. Johana quiso devolverle, esta vez, Cassandra se defendió y al volverla a atacar, Johana saltó y le cayó con una patada en la cara de la muchacha.
Vileko cayó. Johana trató de golpearla de nuevo, pero Cassandra le lanzó una técnica que le golpeó en el hombro, haciéndola gritar. Cassandra aprovechó y de un salto la golpeó en la cara. Johana se recuperó al instante y le devolvió el puñete.
Ambas se separaron.
- Vaya, vaya, me sorprendiste – Cassandra se limpió la sangre que le salía de la nariz.
- No te confíes demasiado – Johana se sobó la herida que tenía en el hombro.
- A pesar de lo que digas, no vas a ganarme Bardock – Vileko sonrió con malicia.
- Y a pesar de lo que digas, te demostraré que sí –Johana volvió a colocarse en pos de lucha.
Ambas saltaron a la vez y empezaron a golpearse con ferocidad. Cassandra conseguía defenderse de la mayoría de los ataques, mientras que Johana recibía todos con toda potencia. De una patada, Cassandra lanzó a la niña contra una roca, destruyéndola. Johana se levantó, adolorida.
«Es… muy fuerte…» Johana escupió sangre. La patada le había hecho mucho daño.
- Bardock, eres desesperante – Cassandra se le acercó – ya date por vencida –
Entonces, lo comprendió: era su fuerza de voluntad lo que las diferenciaba a ambas. Se despabiló y la miró.
- Tendrás que acabar conmigo si realmente quieres derrotarme – Johana sonrió.
- Pues, si tú lo pides… -
Cassandra volvió a atacarla. Esta vez, le lanzó un puñetazo en la cara que hiso doblar a Johana y luego empezó a lanzarle una ametralladora de golpes que la muchacha no pudo detener.
De un codazo, Cassandra la tiró al suelo.
-  Con esto basta – sonrió con malicia.
Pero, ante su sorpresa, Johana se levantó a duras penas.
- ¿Eso crees? – preguntó la niña de la cicatriz, agitada.
Cassandra se enfadó. Volvió a lanzarse sobre ella y la empezó a moler a golpes. Johana solo los recibía. Con un potente golpe en el estómago, tiró a Johana contra otra roca, desmoronándola ante el impacto.
Cassandra sonrió, dándose ya como vencedora… cuando ve que Johana sale de entre los escombros, herida pero sonriente.
- No importa cuántas veces me derrumbes, me volveré a levantar – dijo ella, desafiante.
- ¡Maldita sea! ¡Deja de levantarte ya! – vociferó Cassandra, furiosa y volvió a lanzarse sobre Johana.
Cassandra lanzó su puño hacia la otra niña, pero esta vez, Johana la detuvo.
- ¿Qué…? –
Johana lanzó una patada hacia la quijada de la chica con tal potencia que la tiró hacia atrás. La siguió y le reventó miles de puñetazos en el pecho y estómago a toda velocidad y luego dio un salto y, con otra patada en el estómago, tiró a Cassandra contra las rocas, haciéndolas añicos.
Johana cayó al suelo y miró el punto donde había caído Cassandra, adolorida y agotada.
Como lo esperaba, la muchacha se levantó de entre los escombros.
Cassandra estaba muy enfadada, era la primera vez que Johana la veía tan rabiosa, estaba lastimada y sangraba.
- Nunca te voy a perdonar esta, Bardock – habló Cassandra, enseñando los dientes.
Cassandra empezó a elevar su poder y la tierra empezó a temblar levemente. Johana se sorprendió.
- ¡Ahora mismo acabaré contigo! – gritó Cassandra.
La muchacha le lanzó dos técnicas en forma de aros. Johana quiso esquivarlos, pero las técnicas atraparon sus pies y la aprisionaron contra el suelo. Ella luchó por liberarse, sin embargo, no podía mover sus pies.
- ¿¡Qué es esto!? – exclamó Johana, bastante impresionada y angustiada, tirando de sus pies.
Levantó la mirada y se horrorizó: Cassandra estaba preparando una técnica en su mano y estaba por lanzársela.
« ¡Qué gran poder!» Johana no podía creer el enorme ki que desprendía la otra niña, «Acaso… ¿piensa matarme con eso?»
- ¡ADIÓS, BARDOCK! – gritó Cassandra.
Y disparó la técnica.
Johana lanzó un grito, aun forcejeando para liberarse, arrepintiéndose de haber desobedecido a sus amigos, viendo sus rostros fugazmente… y el poder impactó, creando un gran estruendo.
Muchas rocas se destruyeron y desintegraron, la explosión cegó a Cassandra y mucho humo empezó a manar del lugar.
Poco a poco, la polvareda empezó a disminuir, dejando ver la catástrofe causada.
- Listo – jadeó Cassandra – con esto, Bardock está muerta, por fin pude veng… -
Pero grande fue la sorpresa al no ver el cuerpo de Johana en ninguna parte.
- ¿Tan fuerte fue mi ataque que la hice pedazos? ¡Ja! No cabe duda que corre sangre mítica en mis venas – se rio malignamente – realmente esa niña logró hacerme unos rasguños. Ahora tengo que largarme de este lugar y empezar una nueva vida, como lo hiso mi… -
De repente, se calló.
Su corazón empezó a latir con fuerza… no podía creer lo que sentía… era imposible.
Se giró bruscamente y miró hacia arriba, sobre un gran peñasco de rocas a su espalda.
- ¡Pero…! ¿Qué…? –
Johana estaba justo encima de aquellas rocas. Estaba en una extraña posición, como protegiéndose. La niña no parecía saber en qué situación estaba, hasta que poco a poco, abrió los ojos.
- Aún sigo… ¿viva? – dijo ella, bastante sorprendida.
- ¡Bardock! – Vociferó Cassandra - ¿Cómo demonios sobreviviste? –
Johana se irguió y la miró, confundida. Luego, se fijó en el punto donde había estado hacia unos pocos minutos: estaba totalmente destruido.
- ¿Qué es lo que ha pasado? –
«¿Cómo ha podido huir de mi ataque?» se dijo a si misma Cassandra, «mis “aureolas cadenas” son irrompibles, ¿de dónde sacó el poder para romperlas y escapar?»
Johana seguía parada sobre la roca, aun sin comprender qué había pasado…y sintiendo algo extraño en todo su ser…algo parecía agitarse detrás de ella…y se giró.
Quedó boquiabierta: ante sus ojos había una cola de pelaje castaño que salía exactamente de su coxis.
- ¡M-Me… me ha crecido… la cola! – exclamó, sin poder creérselo.
Cassandra la escuchó y se espantó.
La cola había roto la parte del traje de donde salía, se bamboleaba a voluntad de Johana. Esta sonrió anchamente, feliz, al fin tenía aquello que le hacía falta y que demostraba su verdadero linaje.
La niña la agitó con júbilo.
- ¡AL FIN TENGO COLA! – gritó a todo pulmón, y entonces, descubrió que sus poderes estaban completos, que el incremento de su fuerza se debía a su cola, por ella había podido escapar.
Saltó al suelo, donde estaba Cassandra. La otra niña retrocedió.
«Ahora entiendo», pensó la oji-azul, «al crecerle la cola, sus poderes aumentaron y pudo romper las cadenas de una manera veloz. Esto no es bueno»
Johana miró a Cassandra y le dedicó una sonrisa de superioridad.
- ¡Mira esto, Vileko! – Agarró su cola y se la mostró - ¡Ya dejé de ser una niña sin cola y mi fuerza ha aumentado! ¡Te lo agradezco! ¡Gracias a ti, tengo cola! –
Cassandra hizo un gesto de desagrado y la fulminó con la mirada.
Johana lanzó un puño contra un montón de rocas y las destrozó a todas por el fuerte impacto.
La niña de la cicatriz sonrió, satisfecha.
- Bueno, ya probé mi nueva fuerza – dijo ésta, agitando mucho más su recién nacida cola – continuemos con esta pelea – y se lanzó sobre ella.
Cassandra, sorprendida por la reacción, no logró esquivar el ataque, y Johana la arrojó lejos.
La niña logró contenerse y se detuvo. «No solo aumentó su fuerza, también su velocidad», pensó, muy enojada.
Johana volvió a perseguirla. Cassandra, esta vez, se defendió y contuvo el golpe de la niña, pero Johana, con gran agilidad, le pateó los pies, haciéndola caer a la muchacha y, con un giro, lanzó otra patada al pecho de Cassandra y la estrelló contra una roca.
Johana cayó de pie y se irguió, tranquilamente, y luego se giró y miró a las destruidas rocas, de donde Cassandra estaba saliendo, con dificultad.
- ¡Maldita! – gruñó ella, con rabia.
Johana se colocó en pose de lucha. Cassandra se abalanzó y empezó a lanzarle rápidos golpes. La otra chica se defendía con rapidez y empezó a responderle los ataques, empezando a ganar terreno. Cassandra empezó a retroceder, abrumada por los golpes.
Finalmente, Johana rompió la defensa de la niña, y la ametralló a golpes. Cassandra no pudo defenderse, y recibió todo el castigo de lleno. Johana le lanzó una técnica que arrastró a la niña contra las paredes de rocas, destruyéndolas todas, creando un gran estruendo.
- Vaya fuerza que tengo ahora – Johana estaba impresionada – creo que podemos dejarlo en este punto, tenemos que volver a los Zónajin –
Cassandra volvió a salir de las rocas. Se le veía furiosa, agitada y lastimada.
- No pensé que fueras tan fuerte… - Cassandra rechinó los dientes.
- Te dije que no me subestimaras – Johana le dirigió una mirada burlona – aunque debo admitir que tú también eres muy fuerte –
Cassandra sonrió, malignamente.
- Je, quizás tengas razón, pero a ti te falta aprender aún muchas cosas… -
Johana no comprendió a qué se refería… y de repente, unos brazos la sujetaron por atrás.
- Pero… ¿¡Qué…!? – exclamó ella, sorprendida.
Uno de los amigos de Cassandra la tenía bien sujeta. Los otros tres niños aparecieron (dando un total de tres niñas y dos niños, incluyendo a Cassandra) y empezaron a reírse.
- ¿Qué significa esto? – Airada, Johana miró a Cassandra - ¡Dijiste que solo pelearíamos las dos! –
- Esto es algo que debes aprender, Bardock – Cassandra se le acercó, mientras los otros niños sujetaban a Johana de diferentes partes de su cuerpo – nunca confíes plenamente de tus adversarios –
Y le propinó un fuerte golpe en el estomago. Johana se dobló ante el dolor y escupió sangre. Cassandra volvió a golpearle el estomago una y otra y otra vez…
Luego la empezó a golpear por todas partes, a toda velocidad, y Johana no podía defenderse.
- E-Eres… una… mald… maldita cobard… - Johana quiso insultarla, pero Cassandra le golpeó la cara.
Johana, furiosa, empezó a forcejear y a tratar de librarse de los otros chiquillos, pero una de las niñas la sujetó de la cola con fuerza. La niña de la cicatriz perdió todas sus fuerzas de golpe. Comprendió entonces, que ahora tenía un punto débil.
Cassandra continuó con el castigo, dándole más y más fuertes golpes, dejándola gravemente herida.
Luego de varios minutos, Cassandra se detuvo. Johana estaba casi inconsciente, sangraba por todos lados y le temblaba el cuerpo.
- Creo que llegó el momento – sonrió con malignidad – sujétenla bien – ordenó.
Johana no podía hacer nada, mientras aquella chiquilla sujetara su cola, ella no podía defenderse. Era increíble que hubiese llegado a ese punto y era la segunda vez que se sentía tan debilitada: era una sensación horrible, apenas podía estar de pie (y creía que estaba de pie porque los otros niños la sujetaban) y cada miembro de su cuerpo estaba paralizado.
Levantó la cabeza a duras penas (pues la tenía colgando por el dolor que sentía) y vio a Cassandra reunir mucho poder en su puño derecho.
- Esto te atravesará el pecho – dijo ella, con una chispa de odio en sus ojos azules – me has causado muchos problemas, pero aquí se acaba todo –
Los niños irguieron más a Johana, dejando el pecho de la chica a merced de Cassandra. Johana dio un gemido de dolor.
- Muere, Bardock –
Johana cerró los ojos, ya sin esperanzas…
¡PUM!
Un golpe retumbó en toda la zona y luego se escuchó el derrumbe de unas rocas.
Johana abrió los ojos con dificultad y le dio un brinco en el corazón: Alejandro estaba parado delante de ella, y al ver a Cassandra tirada a buena distancia de ahí, comprendió que su amigo había intercedido a tiempo.
- ¡A…Alejandro…! – tartamudeó.
Los demás niños estaban tan sorprendidos como ella y no atinaban a hacer nada.
- ¡AHORA! – gritó el moreno.
De improviso (como la aparición de Alejandro) Karina y Adrián saltaron de unas rocas, y, a una velocidad vertiginosa, golpearon a los chiquillos que sujetaban a Johana y los hicieron volar.
La niña recobró la fuerza en cuanto le soltaron la cola y pudo mantenerse de pie. Karina y Adrián se le acercaron para ayudarla.
- ¿Chicos? ¿Cómo es que…? ¿Cómo sabían...? ¿Por qué están…? –
- Cálmate – le dijo Alejandro. Se le veía enfadado – tú quédate quieta, nosotros nos encargaremos del resto –
Johana adivinó la razón de su enojo y se avergonzó: ellos le habían aconsejado mantenerse lejos de los problemas y no había hecho caso.
- Alejandro… puedo explicarte…lo que pasó - habló atropelladamente – yo estaba en mi habitación a punto de irme a la cama, y de repente… -
- Guarda tus explicaciones para después – el niño le cortó con brusquedad, sin mirarla – tenemos que terminar este embrollo –
Johana se calló. Era la primera vez que la trataba con tanta dureza. Se sintió mal y trató de no mirar a los otros que, como suponía, también deberían estar enojados con ella.
Cassandra y sus amigos se pusieron de pie, adoloridos. La chica estaba furiosa, pero no disimulaba su sorpresa.
- ¿Guevara? – Preguntó, mirándolo – vaya, no pensé que vendrías, creí que Bardock estaba sola en esto –
- Me conozco tus trucos, Vileko – respondió éste, muy poco amigable – sabía que le ibas a tender una trampa como lo hiciste conmigo, por eso me invité (y por supuesto, que invité a mis amigos) a tu fiesta - 
- Entonces, ¿estuviste aquí todo el tiempo? –
- Observé cómo iba la situación y vi como ella te empezó a hacer pedazos – sonrió burlón – creí que no sería necesario que interviniera, aunque igual iba a reprenderla – le dio una mirada seria a Johana, quien atinó a mirar el suelo – pero volviste a jugar sucio, así que intervenimos –
- ¿Y cómo rayos supiste que habíamos escapado? –
- No tengo por qué darte más explicaciones –
- Muy bien – Cassandra se veía bastante molesta – cinco contra cuatro, ¿te molesta la diferencia? –
 - Somos tres contra cinco, Johana está muy lastimada como para seguir –
- Pobre idiota, se confió demasiado – se burló la oji-azul.
- Creyó que por lo menos tenías dignidad – le refutó Adrián – basta de hablar, ¡peleemos! –
- ¡Acaben con ellos! – ordenó Cassandra, y los demás niños se abalanzaron sobre los otros.
- Bonita cola – le susurró Karina a Johana con una sonrisa, dejándola sorprendida, antes de entrar al combate junto con Alejandro y Adrián.
La batalla estalló: el bando de Cassandra se repartió para enfrentarse a los otros niños. Las dos niñas fueron por Karina y los dos niños contra Adrián, mientras Alejandro se enfrentó a Cassandra.
Era la primera vez que Johana veía pelear a sus dos amigos de forma seria: Karina se movía con agilidad y soltura, evadiendo los ataques de las otras tipas. Una de ellas (que tenía el cabello oscuro) consiguió acercarse bastante y le lanzó un rodillazo; la blanquiñosa se defendió y le propinó tal puñete que retumbó y la lanzó lejos. La otra chica (que exhibía una cola de caballo bastante larga) embistió a Karina, esta consiguió evadirla a tiempo, pero la niña se giró con rapidez y le golpeó en la cara. Karina se recuperó al instante, se le veía furiosa, y haciendo uso de su gran velocidad, apareció a unos centímetros de la otra niña y le pateó la quijada, haciéndola dar volteretas incontrolables. Karina no perdió el tiempo y la siguió para continuar golpeándola.
Adrian, por su parte, ametrallaba al niño de cara larguirucha a patadas, pero el otro chico (quien había estado sujetando a Johana hace unos momentos) lo golpeó por detrás, empujándolo hacia el suelo, pero el trigueño controló su cuerpo, llegando al suelo con suavidad, para luego salir a toda velocidad hacia el niño y arremeter con un cabezazo.
El de la cara larguirucha lo atacó y ambos estuvieron repartiéndose golpes hasta que Adrian consiguió darle un puñete en la nariz que hiso al otro sangrar como caño. El trigueño, de una patada, lo lanzó contra el gordo y ambos se golpearon.
Alejandro y Cassandra luchaban con ferocidad. A pesar de haber peleado contra Johana, la oji-azul aun tenía muchas fuerzas y se defendía del moreno, quien no paraba de atacarla. Vileko le dio una patada al rostro que Alejandro esquivó. Rápidamente, tomó su pierna y la arrojó al cielo; Cassandra se controló, justo cuando el niño apareció delante de ella y le lanzó un puñete, pero la oji-azul atinó a defenderse y le dio un colazo en el rostro. Alejandro retrocedió y se  tomó la parte afectada. Cassandra atacó de nuevo, pero el moreno desapareció de su vista, ella lo detectó detrás suyo, y cuando se giró, éste le golpeó la cara. Ella se aturdió por un momento y volvió a atacar al niño. Alejandro hiso lo mismo y empezaron a repartirse golpes a diestra y siniestra.
Johana estaba sorprendida al ver todas aquellas batallas ante sus ojos, pero se da cuenta que los amigos de Cassandra no eran para nada unos debiluchos y Karina y Adrián estaban empezando a tener dificultades.
La niña del cabello marrón estaba golpeando duramente a la blanquiñosa en el pecho. Karina consiguió librarse, pero cuando estaba por contraatacarla, la de la cola de caballo la golpeó en la cabeza y la mandó hacia el suelo. El gordo sujetó a Adrián por la pierna y lo lanzó hacia Karina, haciendo que ambos se golpeen y cayeran al piso, con estrépito.
Los cuatro contrincantes bajaron y los rodearon, riendo con malicia.
- Je, no nos está yendo muy bien, ¿no crees? – le susurró Adrián.
- Pues, no – admitió la muchacha – así que mejor cállate y concéntrate en pelear –
Los cuatro chiquillos se les echaron encima, ambos se protegieron.
- ¡YAAAAAAAAA! –
Johana intercedió con un movimiento veloz y lanzó a todos los contendientes por los aires.
Sus dos amigos la miraron, sorprendidos.
- ¿Puedo participar también? – ella los miró, sonriendo.
- Creíamos que ya no podías pelear – Adrián le dijo, extrañado.
- No me subestimen, ahora tengo cola – Johana le enseñó su pulgar.
- Muy bien, “niña con cola” – Karina habló, con sorna – muéstranos que tan fuerte te has vuelto –
- Te sorprenderás – Johana sonrió con picardía.
Alejandro continuaba su lucha contra Cassandra, ambos estaban muy a la par, aunque la niña ya empezaba a mostrar agotamiento y el moreno exhibía muchos golpes y heridas sangrantes.
- Muy bien, chicos, tengo una idea – Johana les dijo, mientras los otros niños se acercaban, magullados y enfadados.
- ¿De qué se trata? – Adrián la miró.
- Nos moveremos con rapidez. Traten de lanzármelos a mí y yo les daré el golpe de gracia – explicó Johana.
- Pero vienen todos a la vez – Karina le advirtió.
- Los separaré, pero solo tendrán unos segundos para acabar con ellos por separado. Solos no son nada – la niña de la cicatriz sonrió.
- Me agrada tu plan – ambos se mostraron conformes.
Los otros cuatro niños se les abalanzaron. Johana desapareció y apareció delante de ellos a toda velocidad; los chicos se sorprendieron. Johana les lanzó su ki a toda potencia y todos salieron disparados en diferentes lados. Inmediatamente, Karina y Adrian se movieron:
El niño gordo consiguió controlar su cuerpo y detenerse, y al instante, Adrian apareció y le propinó tres golpes fuertísimos, (en el estómago, en las costillas, y en la cara) dejando al niño muy aturdido y con una gran patada, lo mandó hacia el cielo, para desaparecer instantáneamente.
En aquellos mismos segundos, Karina fue contra la tipa del cabello de cola de caballo, esquivó un ataque de su parte y le dio un rodillazo en su quijada. La muchacha se inclinó hacia atrás por el impacto, así que  la blanquiñosa le sujetó de la pierna, dio unos cuantos giros y la lanzó al cielo.
Adrian, segundos después de lanzar al otro niño, fue hacia el niño de rostro larguirucho, quien se defendió del trigueño, pero este se transportó atrás de él y de un codazo, lo arrojó al suelo. El chico lanzó un grito muy fuerte.  Adrian se transportó de nuevo hacia el piso y le disparó una gran técnica que atrapó al niño y lo empujo hacia arriba con una fuerte explosión.
Karina, en aquel mismo momento, atacaba a la niña del cabello castaño, que estaba bastante asustada al ver sus amigos volar por los aires. La blanquiñosa le propinó una sorpresiva patada en el pecho y luego, un fuerte golpe que le hiso doblarse y, juntando sus manos en un solo puño, le golpeó la quijada, lanzándola hacia donde estaban sus demás compinches.
Entonces, fue el turno de Johana: ella ya esperaba en lo alto a que Karina y Adrian terminaran su trabajo y al ver que ya le tocaba, bajó a toda velocidad hacia ellos, y, planeando todo rápidamente, elevó su poder lo más que pudo.
- ¡MÁXIMA VELOCIDAD! – gritó.
Todo pareció una ilusión. Karina y Adrián no podía creer que lo que veían: simultáneamente, habían aparecido, lo que parecía, cuatro Johanas a la vez y cada una atacaba un niño.
- ¿Qué significa esto? – Adrian exclamó.
Las Johanas, entonces, propinaron, a su adversario correspondiente, un golpe mortífero: el gordo recibió un golpazo en la cabeza, la niña de la coleta, una patada en el estómago, el larguirucho, una patada en la cara y la niña del cabello marrón recibió un cabezazo.
Los cuatro cayeron, inconscientes, al suelo estrepitosamente.
Las Johanas desaparecieron y sólo se vio a una de ellas, que descendió, agitada, al suelo.
Karina y Adrian corrieron hacia ella.
- ¿Qué fue lo que hiciste? – preguntó la niña.
- Moverme lo más rápido que pude – Johana respiraba con dificultad. Aquella hazaña le había costado gran parte de su energía.
- Me has sorprendido, niña – Adrián sonrió, muy contento – bueno, ahora sólo falta Vileko – miró hacia donde ella y Alejandro tenían su batalla.
Ambos niños no se habían detenido  en ningún momento a fijase en lo que había sucedido.
Cassandra le propinó un puñete que empujó al niño hacia atrás. Alejandro se controló y retrocedió, limpiándose la sangre que salía de su boca.
- Vaya, sí que has mejorado – la muchacha, a pesar de estar agitada, sonreía.
- Lo mismo digo de ti – Alejandro se irguió y la miró – pero será mejor detenernos y volver, recuerda lo que sucedió hace… -
¡PUM!
Cassandra salió volando contra una roca, destruyéndola.
Alejandro se había quedado petrificado ante aquel inesperado acto, cuando se da cuenta que había sido Johana la autora del golpe, pues estaba flotando cerca del suelo, con una pierna estirada.
- ¡Johana! – exclamó él.
-¡ESO FUE POR HABERME ENGAÑADO! – gritó Johana, en dirección a donde estaba Cassandra.
La chiquilla se levantó con dificultad y miró a Johana, furiosa.
- ¡Eso es injusto! ¡Mi pelea es contra Guevara! –
- ¡Y LA MÍA ERA CONTIGO! – Respondió la aludida, fuera de sí - ¡NO TIENES DERECHO A RECLAMARME! ¡TÚ EMPEZASTE! –
Entonces Cassandra se dio cuenta que sus compinches habían caído. Estaba sola.
«Esos inútiles», pensó, con enojo.
- Así que derrotaron a los demás – Alejandro se fijó, sorprendido.
- Fue trabajo en equipo – Karina replicó, sonriente.
- Hubieses visto lo que es capaz de hacer tu aprendiz –bromeó Adrián.
- Por lo visto, hoy dejó de serlo – el moreno volvió a hablar con dureza.
Johana se encogió, bajando la cabeza, volviéndose a sentir terrible.
- Bueno, Vileko – Alejandro miró a la oji-azul – aquí se acaba todo, vamos a regresar a nuestros dormitorios –
-¡Esto aun no se termina! – Exclamó rabiosa la chica - ¡Aun tengo asuntos pendientes con Bardock! –
- ¡Ya te ganamos! – Replicó Johana, enfadada – tus amiguitos no se levantaran en un buen rato y ya viste que puedo derrotarte en cualquier momento. Acéptalo, perdedora – y sonrió, burlona.
Cassandra enseñó los dientes. Se sentía humillada, pero se lo pensó bien, ya que tenía todas las de perder.
Escupió un poco de sangre al suelo, se limpió y les dirigió una mirada asesina a los cuatro chicos. Luego, sin decir nada, fue hacia sus amigos para despertarlos… a patadas.
- Vámonos – dijo Alejandro.
Los cuatro niños se elevaron en el cielo oscuro y se dirigieron hacia el lado contrario al mar. Alejandro se veía serio, incluso, molesto. Karina y Adrian le seguían de cerca, pero Johana estaba rezagada, sintiéndose muy culpable; había esperado sentir la victoria o la derrota, pero aquella sensación era terrible: su mejor amigo estaba enfadado con ella porque no había seguido sus consejos y tenía toda la razón para molestarse, además que los había metido a todos en problemas.
Mientras Johana pensaba en todo esto, Karina se acercó a Alejandro.
- ¿Por qué no hablas con ella? – preguntó.
- No tengo nada que decirle – contestó, tajante.
- Sí que tienes – le replicó. El niño la miró – estoy segura que te alegró mucho saber el verdadero nivel que tiene ahora –
- Es verdad, pero eso no quita el hecho que haya desobedecido – el niño pareció enfadarse más – le advertimos, le dijimos cuáles podrían ser las consecuencias, y aún así, lo hiso –
 - Pues, si mal no recuerdo, tú hiciste lo mismo –
Alejandro la miró, ofuscado.
- Tú hiciste exactamente lo mismo, y te llovieron consejos – continuó Karina.
- Esto es diferente –
- ¿Por qué? –
- Porque…porque ella ya está bien grandecita para saber lo que hace –
- Que excusa más idiota – Karina le dio una mirada sarcástica – pues, déjame decirte que tú no comportas como un adulto –
- No pretendo serlo… -
- Acéptalo, ¿sí? Acepta que tienen mucho en común, en especial, ese carácter tan terco que tienen –
Alejandro volvió a mirarla, sorprendido.
- Esta bien – resopló – adelántense, luego los alcanzo –
- Genial, empiezas a madurar – Karina sonrió y se dirigió a Adrian.
- ¿Pasa algo? –
Ella le tomó del brazo y lo jaló.
- ¡Hey! ¿¡Qué haces!? –
- Sólo sígueme –
Ambos se adelantaron rápidamente, mientras Alejandro se detenía y dejaba que Johana se acercara.
- Ahm… ¿Por qué te detienes? – preguntó ella, tímidamente.
- Quiero hablar contigo – le dijo, con seriedad.
Johana sintió un nudo en la garganta.
- Eh… está bien –
- ¿Por qué saliste de tu habitación, a pesar que te dijimos que no lo hicieras? –
- Yo…ya me iba a dormir, pero… Vileko apareció en mi ventana y pues…me provocó y decidí salir… -
- ¿Qué es lo que te dijo exactamente? –
- Se metió con mis padres – Johana se encolerizó – me insultó y… - resopló, avergonzada – lo siento, Alejandro, te decepcioné…-
- No, la verdad, no – Alejandro sonrió.
Johana lo miró, asombrada.
- ¿No? –
- Vi tu batalla contra Vileko, y déjame decirte que me sorprendiste –
- ¿Enserio? –
- Definitivamente. Ahora eres más fuerte que yo –
- Eso no es cierto. Tú eres… -
- Sé lo que te digo, sobrepasaste mi nivel – le cortó, con una sonrisa – tienes un potencial tremendo, ahora entiendo cómo pudiste derrotar a Evilok. Tendré que entrenar muy duro para no quedarme atrás –
Johana no salía de su aturdimiento, y no sabía si creerle, lo único que le importaba era que su amigo ya no estaba enojado con ella.
- Mejor démonos prisa o tendremos problemas – Alejandro empezó a avanzar – por cierto, felicitaciones por tu cola – aceleró, aun sonriendo.
Johana, sintiéndose muy feliz, aceleró también.
Cuando los cuatro estuvieron cerca de los Zónajin, se escondieron entre la maleza y se acercaron caminando con sigilo al Zónajin Dorado, pues los vigilantes (Robomates y profesores) estaban haciendo su guardia, por todos lados.
- Y ahora, ¿cómo los distraemos? – preguntó Johana, preocupada.
- Usamos ese viejo truco de distracción – contestó  Karina, sonriente.
- ¿Cuál? –
- Adrian, dispara a aquella roca de al fondo – señaló Alejandro hacia unos rocones que sobresalían hacia el lado izquierdo del bosque – yo luego lo haré hacia esa segunda fila. Creerán que es un ataque – luego, miró a las chicas – ustedes se encargarán de abrir las ventanas y dejarlas listas para nosotros, no demoren demasiado, porque no tardarán en pillarnos, ¿de acuerdo? –
- De acuerdo – asintieron ambas.
Ambos niños fueron hacia el lado izquierdo, mientras ellas esperaban la señal.
- Parece un buen plan – Johana sonrió – funcionará, ¿verdad? –
- La última vez, lo hiso – Karina replicó – en cuanto estemos dentro, nuestros Robomates nos ayudaran a entrar a nuestros cuartos –
- Pero hay guardias en los pasillos… -
- Sí, pero son este alboroto, todos querrán saber qué está pasando y empezarán a salir de sus habitaciones, con eso, los Robomates estarán ocupados, y nos mezclaremos con la multitud –
 - Parece un plan de mucho tiempo de uso – Johana los miró, desconfiada. Sentía que no había sido una sola vez el que se escaparan.
- Hemos visto otros casos como estos – replicó Karina, de inmediato.
- Sí, claro… -
¡BUM!
Una explosión iluminó la noche a lo lejos. Los profesores lanzaron exclamaciones de asombro y los Robomate inmediatamente se movilizaron.
- ¿Qué ha sido eso? –
- ¡Un ataque! –
- ¡No puede ser! –
- ¡Vayamos a ver de inmediato! –
- ¡Esperen, podría ser una trampa! –
- ¿Aún no? – Johana miró a su amiga, hablando en voz baja.
- Espera la segunda explosión – replicó la aludida.
¡BUM!
La segunda fue algo más cercana. Los profesores se alarmaron más, los robots empezaron a analizar sus estrategias y dentro de los Zónajin ya prendían las luces y se escuchaban voces encrespadas.
-¡Ubiquen a los agresores! – se exclamaba en todas direcciones.
-¡Ahora! – susurró Karina.
Las dos niñas dieron un gran salto hacia las ventanas del cuarto de Johana, mientras los profesores y Robomates corrían o volaban hacia la zona de las explosiones.
Karina sacó un extraño aparatito que parecía un cuchillito transparente y brillante y puso la hoja entre las ventanas.
- ¿Qué es…? –
- Es una navaja anti-láser – respondió Karina – la hice yo para casos de emergencia. Cada ventana tiene una seguridad magnética-eléctrica que las mantiene sellada, pero en cada ventana hay un orificio llamado “ojo-láser” y digamos que si coloco algo que interfiera entre el ojo y la ventana, la seguridad se desactiva y la ventana se abre –
Johana la miró, entre sorprendida y sin haber comprendido del todo bien lo que le había dicho.
- ¿Cómo lo averiguaste? –
- Una vez, mi padre me contó acerca de la seguridad de las ventanas y supuse que debía de existir un punto débil. Así que, una vez, desarmé las ventanas de mi cuarto y lo descubrí – explicó Karina, sin dejar de mover su navaja. De repente, se oyó un clic - ¡Ya está! –
La ventana se abrió y ambas pasaron a la habitación.
- Eres increíble, Karina – Johana le sonrió, aún sorprendida.
- No es nada – la blanquiñosa guardó su navaja.
-Ya estamos dentro – Alejandro entró por la ventana, seguido por Adrian.
- ¡Ya era hora! – Kobu apareció entre la oscuridad.
- ¿Estuviste esperándome? – Johana lo miró, extrañada.
- Ya sabía de todo el plan, porque yo fui quien dio la alarma – replicó él, molesto.
- ¿Fuiste tú el que les avisó? – la muchacha se impresionó más.
- Sí –
- Ah, ya comprendo. Gracias, Kobu – Johana le agradeció.
- ¿Enserio? – Kobu quedó pasmado. Había esperado que se enojara.
- Sí, si ellos no hubieran ido a salvarme…-comenzó la niña.
Las voces aun no se calmaban y había mucho alboroto.
- Sería mejor aprovechar este movimiento – Adrian avisó.
- Sí, es cierto. Bueno, nos vemos mañana, Johana, será mejor que te acuestes ahora – le dijo el moreno.
- Sí, lo haré. Apresúrense a ir a sus cuartos – les dijo Johana, con apremio.
Los tres les dirigieron una sonrisa significativa y salieron rápidamente (usando la hebra de  cabello de Johana para abrir la puerta)
- Gracias por haberme ayudado – dijo Johana, alzando la voz sobre ruido de los demás estudiantes.
Karina y Adrian no la llegaron a escuchar, pero Alejandro sí, quien se giró y le enseñó su pulgar y se mezcló entre la muchedumbre.
Kobu la anduvo regañando mientras se curaba las heridas y se ponía el pijama, y Johana se estuvo disculpando todo el rato.
El alboroto aun no cesaba cuando Johana cerró sus ventanas y cortinas y, pensando en cómo se las ingeniarían Cassandra y su grupo para volver a sus habitaciones, mientras sonreía, se acostó en su cama y se quedó dormida.

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